El progreso de las Ciencias Sociales a lo
largo de la historia ha puesto de manifiesto que ningún método de investigación
es superior a otro (Rodríguez, 2005). Señala, sin embargo, que el paradigma de
la investigación social concede menor grado de validez a las proposiciones
confirmadas por un solo método. De hecho, los científicos sociales consideran
que la utilización de un único método o enfoque de investigación puede dar
lugar a sesgos metodológicos, sesgo en los datos o sesgo en los investigadores.
Según Cornejo y Salas (2011), existe consenso, en la
comunidad de investigadores en ciencias sociales, y particularmente desde lo
cualitativo, en que es necesario tener criterios de calidad y de rigor. Sin
embargo, existe también divergencia sobre la forma de asegurar este rigor y la calidad.
Este consenso implica ser transparente, documentar las decisiones tomadas y
reconocer que apostar por el rigor influirá en la calidad de los datos
producidos en la investigación.
De acuerdo a Sandín
(2000), la validez “como sinónimo de verdad, como verdad construida, como
verdad interpretada, consensuada signifique lo que signifique, se convierte en
la línea divisoria, el criterio límite que establece la legitimidad, aceptación
o confiabilidad de los trabajos de investigación”. En este sentido, la validez
de constructo es la principal de los tipos de validez, en tanto que constituye
el concepto que integra las consideraciones de validez de contenido y de
criterio en un marco común para probar hipótesis acerca de relaciones
teóricamente relevantes. (Messick, 1980, citado por Pérez-Gil, 2000).
Bajo esta misma línea de pensamiento, se señala que el objetivo final de la
validación es la explicación y comprensión, considerando que toda validación es
validación de constructo. Se considera, entonces, que la validación es un
proceso mucho más complejo cuya efectividad depende de la disponibilidad de un
modelo teórico previo que se encuentre bien definido y fundamentado.
Específicamente, la
investigación cualitativa se caracteriza por contener elementos de gran
complejidad, especialmente frente al carácter interpretativo que encierra este
tipo de investigación, debido a la cercanía y al grado de participación del
investigador y que pudiera resultar en sesgos que imprimirían características
personales al problema en estudio.
De esta forma, según Suárez
(2010), la validez se presenta siempre como una controversia en la
investigación cualitativa, debido a que el investigador corre el peligro de
imponer sus propias definiciones personales sin justificación de lo que
observa. Una de las soluciones al problema de la interpretación personal es
analizar el objeto de estudio desde distintas perspectivas y posiciones e
interconectar cada una de ellas tratando de encontrar una verdad consistente,
aplicable y neutral.
Al mismo tiempo, el análisis de una realidad cada vez más
compleja ha revelado la necesidad de combinar distintas técnicas de indagación
para lograr hallazgos complementarios y desarrollar el conocimiento relativo a
un determinado objeto de estudio. En la literatura de métodos de investigación
social existe una larga tradición que preconiza el uso de técnicas de
triangulación o validación convergente de los resultados obtenidos durante el
trabajo de campo. El fundamento de estas técnicas subyace en la idea de que
cuando una hipótesis sobrevive a la confrontación de distintas metodologías
tiene un grado de validez mayor que si proviene de una sola de ellas.
En este sentido la triangulación metodológica entre métodos consiste en la combinación de métodos de investigación (no similares) en la medición de una misma unidad de análisis. Una triangulación exitosa requiere, de acuerdo a Rodríguez (2005), realizar la recolección de datos escalonadamente, de manera que la información que sea más vulnerable a la influencia del investigador o de los sujetos analizados (generalmente aquélla obtenida mediante métodos reactivos, como la encuesta) sea recabada primero, debiendo además para las otras técnicas de recolección de información, extraer una muestra distinta.
Es importante señalar que, ante posiciones asumidas por autores que apoyan la complementariedad existen otros que señalan que una acomodación entre paradigmas es posible cuando estos comparten elementos axiomáticos que son similares (paradigma positivista y postpositivista), pero cuando los axiomas de cada paradigma son contradictorios y mutuamente exclusivos no es posible realizar la acomodación o comparación (positivista/interpretativo).
De acuerdo a Moral (2006), actualmente, no se acepta una
verdad permanente, invariable o universal. La verdad y el conocimiento válido
se construyen desde el consenso entre los miembros de la comunidad, en un proceso
de negociación que establece lo que se considera y acepta como bueno. Al
conocimiento verdadero se accede a través del diálogo, por tanto se pasa de una
validez objetiva (del periodo
tradicional y moderno) a una validez
comunal a través de la argumentación de los participantes en el
discurso.
Señala este autor que, esta validez comunal nunca está fijada o es invariable, sino que es creada por la comunidad y está condicionada por el momento histórico y temporal donde vive la comunidad. El poder de la investigación es proporcionar algo para mejorar la vida de la gente que estudia la fuente fundamental de validez será, en definitiva, la constatación de si el cambio se ha efectuado realmente en las práctica a las que supuestamente afecta y la permanencia del mismo.
Cumplir con el rigor científico, desde posturas interpretativas y de acercamiento a la realidad, es posible asumiendo en las investigaciones una metodología cuali-cuantitativa apoyada en los postulados de integración de métodos de Bericat (1998, citado por Hemilse, 2011): Cualitativa porque este tipo de investigación trata de comprender el fenómeno o acontecimiento en estudio desde el interior, comprendiendo la visión del sujeto, el curso de las situaciones sociales pertinentes a cada situación (Flick, 2007); y cuantitativa, ya que comprende datos que pueden analizarse en términos numéricos. (Blaxter, 2000).
Referencias Bibliográficas
Blaxter, L. (2000). Como se hace una investigación. Barcelona: Ediciones Gedisa.
Disponible: http://www.terras.edu.ar/aula/cursos/10/biblio/10BLAXTER-Loraine-HUGHES-Christina-y-TIGHT-Malcom-Cap-3-Reflexionar-sobre-los-metodos.pdf.
Cornejo, M, Salas N. (2011). Rigor y calidad metodológicos: un reto
a la investigación Social cualitativa.
Flick, U. (2007). Introducción a la investigación cualitativa. Ediciones Morata.
Madrid. Disponible: http://books.google.co.ve/
Hemilse, M. (2011). La integración de
metodologías: algunas posturas acerca de sus posibilidades y dificultades, en
Contribuciones a las Ciencias Sociales. [Artículo en línea]. Disponible: www.eumed.net/rev/cccss/12
Moral, C. (2006). Criterios de validez en la
investigación cualitativa actual.
Pérez-Gil, J. (2000). Validez de constructo: el
uso de análisis factorial exploratorio-confirmatorio para obtener evidencias de
validez. [Artículo en línea]. Psicothema ISSN 0214 - 9915 CODEN PSOTEG, Vol. 12, Supl. nº 2, pp. 442-446 Disponible:
http://www.psicothema.com/pdf/601.pdf
Rodríguez, O. (2005). La triangulación como estrategia de investigación en
ciencias sociales. [Artículo en
línea]. Mi+D. Número 31, septiembre 2005. Tribuna de debate.
Sandín,
M. (2000). Criterios de validez en la investigación cualitativa: de la
objetividad a la solidaridad. [Artículo en
línea]. Revista de Investigación Educativa, 2000,
Vol. 18, n.º 1, págs. 223-242
Suárez, N. (2010). Tesis de grado e
investigación cualitativa. Archivo Arquidiocesano de Mérida. Serie: estudios, 11, Mérida, Venezuela
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