Los eternos jueces

Pocas cosas hay tan agotadoras como luchar contra la desaprobación de otros. Sentirse juzgada permanentemente por lo que haces y por lo que dejas de hacer. Hay gente especialista en esto de creerse los mejores jueces del carácter, del comportamiento, de los sentimientos, del fondo, de la forma, y de todo lo demás.

Dicen que esto tiene muchos nombres: baja autoestima, abandono infantil, separación materna o paterna, el trato inadecuado de muchos padres a quienes nunca se le debió permitir tener ese rol. Historias repetitivas que van generando vidas desarticuladas, en soledad e infelices.

De igual manera, otras personas atraviesan por peores circunstancias y con una voluntad férrea salen adelante; tal vez, colocando su fe y su compromiso en causas mucho mas nobles que la preocupación por si mismo. Es probable que el altruismo tenga que ver, pero nadie debe crecer sin raíces porque estos apegos después te permiten volar. 

Siempre confié en poder salir del laberinto sin ayuda porque no se pedirla. Pasan por allí sentimientos de dependencia o minusvalía frente a la cercanía de otra persona. La consecuencia es el rechazo externo ante la falta de espontaneidad que se aprecia cuando no se es sincero; y el auto rechazo que se deja ver en trastornos físicos y emocionales. 

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